Ricardo arribó nuevamente los lugares que alguna vez fueron nuestros con sinceridad, con el amor que alguna vez me juró al verme a los ojos allá por el 2009.
No podía verlo, ni soltarme. No quería siquiera rozarle, no lo quería a él.
Hace ya mucho tiempo que entré en razón y él nunca lo supo. No hace un día que vivo para mí y nadie más, que contemplo día y noche la soledad que hoy me inunda, aquel estado en el que hoy me quiero quedar. Sin amor, sin sufrimiento, sin tormentas que no tienen arco iris sino más nubes grises.
Nos situamos en alguna que otra plaza, y entre la cálida brisa y el aroma del tilo me dirigí a él con una frialdad impecable.
Encantadora y soberbia le expliqué qué había sido de mi vida desde su partida. No había lágrimas en su rostro, simplemente una tristeza inexplicablemente bella. Tanto tiempo para poder decirle todo lo que creía y al fin lo logré. Lastimé a quien me lastimó. Engañé, mentí... No sé si le interesó o no todo lo que le dije pero hoy siento que no tengo más que decirle. Que se puede ir en paz y que al fin me libré de él, de sus mentiras, de su amor compartido, de sus palabras baratas y explicaciones insulsas, como él, como su vida.
"La verdad es que no me pasa nada con vos,
No te amo,
Todo este tiempo fue una mentira,
Te mentí
Te mentí
Te mentí
Y lo volvería a hacer... "
Hoy te digo adiós para siempre, hoy... No sos más que un pasado que ya no quiero.
Y de todo corazón, espero que seas feliz.
Chau R, buena vida.
1 puñales por la espalda:
El ser capaz de decir un adios lleva tiempo, tiempo para darnos cuenta que antes de ser feliz con alguien debemos ser felices con nosotros mismos y mi alegra que tu lo hallas logrado y hallas encontrado la paz que muchas veces necesitamos.
Besos.
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